martes, 17 de noviembre de 2009

Un mundo sin conciencias

Antes que nada, agradecerle al gobierno español su actuación y la resolución del caso “Alakrana”. Pero no deja de sorprenderme el hecho en cuestión. La sociedad actual en la que vivimos no deja de recrear situaciones grotescas que aparecen día a día dispuestas a engullirse cualquier tipo de razón. Y el resto, los espectadores o la masa crítica, nos quedamos en una segunda parte de película a la espera de sentir cualquier señal para movilizarnos hacia una dirección u otra, sin tener si quiera conciencia propia para discernir.
Nuestra economía mundial se quebró gracias a las especulaciones de X personas que decidieron jugar con lo que para muchos es nuestra única subsistencia: nuestro trabajo y nuestra economía. Lejos de tomar actuaciones contra un capitalismo corrupto y sin control las autoridades de muchos grandes países decidieron “rescatar” a los ladrones con el dinero de todos y “salvarles el pellejo”. Evidentemente, no dio resultados. Seguimos expectantes, aunque con palmaditas en la espalda, de cómo la bola destructora que azota la economía mundial sigue rodando en picado cada vez con más velocidad.
Esto a nivel mundial, a nivel local vemos como aquella frase de “el poder corrompe” se va afianzando más y más en nuestra estructura. Pocas ciudades quedan, y mal temo que muchas menos quedarán, sin que el virus del suculento ladrillo haya contagiado a nuestros dirigentes, Y no importa, ahí quedamos la masa crítica sin más reacción que la que nos mandan a tomar.
Y ahora esto, el “Alakrana”. Somalia es un país con muchas dificultades y muy peligroso. Un lugar donde prima la “ley del más fuerte” remarcada con armas compradas a los países del primer mundo, con destrucción y desorden social. Pero lejos de ayudarles a la creación de un estado con derechos y obligaciones faenamos en sus aguas, nos aprovechamos de su pobreza y de su violencia, y después nuestros actos mediatizados se convierten en una lucha para salvar a nuestros pesqueros. Como bien he dicho antes, agradezco al gobierno éste final feliz, pero recrimino a los pesqueros su actuación, porque con su mal hacer y su falta de responsabilidad han promovido que sigan los piratas, que se sigan pagando armas, y que algún listillo de esos que llaman del mundo civilizado haga negocios en los paraísos fiscales.

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