Mostrando entradas con la etiqueta huelga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta huelga. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de mayo de 2013

9 de Mayo


Tengo la grandísima suerte de poder ayudar a mis hijos en sus tareas escolares. Digo grandísima porque, para bien o para mal, tuve la suerte de pertenecer a una generación que marcó mucho la vida de la gente media de éste país: La educación llegaba a muchos hogares.

Familias trabajadoras pudieron, en muchos casos, darles a sus hijos la posibilidad de estudiar alguna carrera y que esos estudios formaran parte de su vida profesional.

Por eso, aún puedo dar gracias de sentarme con mis hijos, ayudarles en los problemas que les surgen en su andadura por primaria, y no sé hasta dónde o cuál será nuestro límite en su educación.

Y ésta reflexión viene, porque recuerdo el momento en el que mis padres tuvieron que decirnos: “No puedo ayudarte, ya no sé resolver esos problemas”. Aquella frase que me dejó desprotegida en la educación que recibía en mi hogar, pero que pude complementarla en las aulas.

Nunca pensé que el progreso que se me daba entonces, las oportunidades que los hijos apenas valorábamos pero que se nos hacían recordar por nuestros progenitores, y que no tuvieron aquellas oportunidades, hoy, una generación después, se esté destrozando desde las instituciones públicas que, valga la contrariedad, deben proteger al ciudadano.

Hoy más que nunca, y como una compensación a nuestro “¡uff, siempre estáis con lo mismo!” que soltábamos cuando ellos, los abuelos de hoy, nos martirizaban con el “aprovecha, que yo no pude hacerlo”.

Hoy en honor a aquellas palabras, en agradecimiento a sus esfuerzos, sacrificios y tesón para que tuviésemos un porvenir debemos luchar contra este retroceso.

El próximo día 9 de mayo sobran las excusas y falta el coraje necesario para parar los pies a quienes deciden sin más, robarnos pasado, presente y futuro.

El 9 de mayo, si no lo haces por unos, tus hijos, hazlo por los otros, sus abuelos. Demostremos a nuestros padres y abuelos que sus enseñanzas no cayeron en balde, y que hoy seguimos sus consejos para el mejor porvenir de sus nietos.

martes, 16 de octubre de 2012

Soy una madre antisistema y radical




Queridos representantes del gobierno que no me representan. Si deciden considerarme como una madre “antisistema y radical”, háganlo. Les doy mi permiso. Ya poco me importa cómo puedan calificarme unas personas que no tienen ningún escrúpulo en acabar, a golpe de tijera, con el desarrollo y el progreso de un país en aras del beneficio de unos pocos. Pero no voy a extenderme más de lo necesario en sus actuaciones, y voy a centrarme en la huelga de padres y madres del próximo 18 de octubre.

Yo sí voy a la huelga. Y lo hago por que tengo plena conciencia de que el futuro de mis hijos ha sido brutalmente asesinado por un gobierno que lo único que hace es enfrentarnos con los docentes. Pero lo siento. Yo no me creo sus mentiras. Quizás, como en cualquier ámbito de la vida y sobre todo en el Congreso, hay vagos y gente apta para desarrollar su trabajo. A lo largo de este periodo de “recortes” he conocido y he entablado conversaciones con profesores, y si ya tenían por mi parte una gran admiración, ahora les debo un gran respeto y les brindo mi mano en su lucha. Porque sé que caminamos en la misma dirección, y porque sé que su trabajo y su dedicación instruirán la mente de mis hijos, y una buena educación es la base de un hombre libre.

Yo no lucho para que mis hijos vayan a la Universidad. Yo quiero que mis hijos sean felices, que puedan decidir qué hacer o a qué dedicarse en la vida. Y sobre todo, quiero que tengan la inteligencia para poder elegir libremente y con las mismas oportunidades que cualquier otra persona, por ello si deciden seguir con una carrera universitaria, perfecto. Pero lo que no quiero para ellos un fracaso escolar debido a las mermas y los obstáculos con los que la Escuela Pública está lidiando, mientras que los recursos económicos se centran en las concertadas y en las privadas.

Y esta reivindicación la hago con la cabeza bien alta, porque está demostrado que en España somos los pobres quienes asumimos el pago de impuestos mientras que otros los evaden. Y además tenemos que consentir que lo que es de todos, se lo lleven solo unos pocos.

Yo defiendo lo Público, la Escuela y la Educación, y por ese motivo señores, soy una madre antisistema y radical, pero muy consciente de la lucha que me ha tocado vivir para defender el futuro de mis hijos.

miércoles, 27 de junio de 2012

Soy minero de esta sociedad




     Los mineros se han hecho escuchar. Ya todo el mundo habla de ese grupo de trabajadores y a todos  llega la fotografía: Hombres de cara tiznada, con su casco-linterna y su mono azul y mujeres con el puño en alto acompañando a sus maridos. Y esta imagen la tenemos siempre en movimiento. Ahora los mineros están fuera de sus minas mientras caminan y reivindican su lugar en la sociedad.

   Y mientras, el resto los mira y habla y cuestiona su lucha. Y en esos comentarios que todos hacen (o hacemos) se pone en duda la rentabilidad del carbón español, de las energías renovables, de las nucleares... Y no se cae en la cuenta de que no se trata de una simple operación matemática de las que el neoliberalismo ha metido en las cabezas de todos los ciudadanos: "Si compro por uno vendo por diez, he ganado nueve". Dicen los que buscan el beneficio por el beneficio en las empresas.

    La crisis especulativa que vivimos a nivel mundial ha permitido crear una sociedad muy fraccionada: Muy ricos contra muy pobres ya que la escisión entre clases sociales ya está demasiado marcada. Y es que, los ricos, cada vez más ricos y poderosos, han construido un mundo donde los pobres, cada vez más pobres, sucumben a ellos y entonces, el todopoderoso, somete la vida del obrero sin importarle que trabaje más de las ocho horas marcadas por la ley, ni que sea por un mínimo sueldo irrisorio, porque todo vale con la condición de que el empleado sea un simple número que aumente la plusvalía de sus activos.

     Sin embargo, los mineros representan la ficha en la destrucción del tejido social y humano que ahora acontece. Y con sus reivindicaciones consiguen que el resto de ciudadanos sean consciente del agravio que se origina que tal demolición. Porque la sociedad es el conjunto de acciones, cooperaciones e infraestructuras entre sus diferentes piezas: ciudadanos, políticos, empresarios, empresas, servicios, ect... Si esta cadena se rompe no funciona nada. Un pueblo debe actuar por sí mismo y crear trabajo que genere la convivencia entre todos sus nexos con el fin de que todos puedan convivir de una manera justa y ordenada. Aunque ahora, el modelo que funciona es el de mucho para uno y poco para muchos.

       La minería puede no ser rentable en estos momentos, pero en esta coyuntura que ha llevado a la crisis es necesario que se replantee ¿qué es lo que debe prevalecer? Debe primar la coherencia de crear trabajo, de que todos los miembros de una comunidad puedan participar, sentirse útiles, beneficiarse de la colectividad que somos todos, asistirse los unos a los otros. En otras palabras: Crear la base de una sólida sociedad. Pero ajeno a las necesidades del pueblo el gobierno "rescata" a los bancos e indulta a corruptos, favorece al rico y desprestigia al pobre. Y no hace nada para mantener el flujo económico de otros sectores, ni se molesta en invertir en I+D+i y alimentar el ciclo del núcleo urbano donde el hombre desarrolla su vida.

      Un trabajo no es un salario mileurista es el progreso que va encadenado a una serie de elementos que permite que la vida de la urbe o del pueblo tenga subsistencia y prosperidad. De nosotros depende que esos mil euros rueden en  la cadena de la bonanza de nuestra patria y ayude al panadero, al carnicero, al farmacéutico... El resultado de la operación "compro por uno y vendo por diez" no debería predominar más que la lucha de los mineros (y cualquier otro oficio) por nutrir la identidad que nos caracteriza como humanidad.

jueves, 17 de mayo de 2012

A mis queridos profesores que no hicieron huelga




Llegó el momento de la huelga intermitente de la Comunidad Valenciana. Y muchos hemos estado expectantes, ansiosos de que la llamada de la reivindicación por parte de la comunidad educativa se convirtiese en un movimiento capaz de anular todos los recortes que se están aplicando y se aplicarán.
Y decidida, y aportando mi pequeño granito, decidimos en casa apoyarla y los niños no fueron al colegio.
La expectación dio paso a la decepción. En los medios de comunicación apenas se hizo ruido, pero esa decepción se vio más significativa cuando los datos de los docentes que no habían hecho la huelga superaba con creces a los que, con paso firme y decidido la hicieron y se marcharon a Valencia para hacer oír sus quejas.
No soy funcionaria pero si defiendo a los trabajadores del Estado es por varias razones, entre ellas la más importante y que espero que haga reconsiderar al “esquirol” para la próxima semana.
El tema laboral en el ámbito privado es muy precario, coaccionado por el miedo de los empresarios hacia sus empleados quienes día a día ven mermados sus derechos, hasta el punto que la palabra “derechos” se desdibuja de la política empresarial para subrayar la palabra DEBERES. Cada uno, a nuestra manera, en nuestras pequeñas aportaciones luchamos contra ellos, a veces imposible salvar nada.
Sin embargo, es el trabajador del Estado quien mantiene unas condiciones laborables acordes con la ley, donde no importa si eres hombre o mujer, ni si eres blanco, azul o negro porque si te has convertido en funcionario es porque has superado unas pruebas que te acreditan para el puesto que cubres. Si ahora no eres capaz de luchar por tus derechos, dejas a los trabajadores tirados por el suelo. Si quienes tenéis la oportunidad de conseguir las cosas ponéis precio a vuestros derechos no participando en las reivindicaciones excusados en el dinero… El país, el mundo obrero, caerá rodando hacia los pies de quien tanto empeño tiene en aumentar las desigualdades.
Siento dejarte esta responsabilidad, pero me la debes. Me la debes porque SIEMPRE te hemos apoyado, porque eres parte de mi comunidad y porque con tu esfuerzo y con el mío, podremos conseguirlo, que nadie te diga lo contrario. ¿Y ahora, vas a volver replantearte la huelga del próximo martes 22?