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lunes, 21 de enero de 2013

La pequeña esfera de la corrupción


Salta a los medios de comunicación otro de los miles de casos de corrupción que tenemos en España. Y es curioso cómo la gente se escandaliza de la situación. Cuando en nuestro país, el "sobre" ha sido una de la identidad propia de los españoles.
Pero claro, ahora todos saltan indignados cuando se escucha que personas han sido financiadas, es decir, manipuladas y empujadas con dinero para favorecer o enriquecerse a costa del dinero de los demás.

Pero creo que es un buen escarmiento para todos. Porque hemos vivido en la cultura del engaño, de la estafa de acercarnos a personas influyentes para dar saltos jerárquicos que nos posicionen en lo más alto de la cúpula. Y da igual que seamos políticos que empresarios que don nadies (que para quitar dramatismo a esta palabra decir, que todos somos importantes).

Y es triste saber que vives en una sociedad dónde el que está en un cargo o puesto de responsabilidad, y hablemos de cualquier esfera social, no es precisamente la persona más habilitada para ello, ni la más preparada, ni la que más esfuerzo hacer por conseguir resultados. Si no quienes saben cómo camelarse a los que ostentan poderes, los que saben como tejer artimañas para conseguir sus objetivos, quienes, como en la selva, derrumban lo que haga falta con tal de sentirse unos centímetros por encima del mundo y dar órdenes, o sentirse diferente porque su bolsillo está más abultado o tiene una posición social que le permite humillar y menospreciar al que tiene por debajo.

Si, es triste que en vez de fomentar el amor, el compañerismo, la igualdad de oportunidades critiquemos acciones que en nuestra propia rutina las llevamos a cabo. ¿Qué tendrá el sentirse poderoso que lo arrastra todo?. Ojalá el mundo cambiara y ojalá estuviera ahí quien es capaz de mover el mundo en igualdad y no en desigualdad.

domingo, 6 de marzo de 2011

El día de la mujer trabajadora

Andrea está todavía dentro de mi vientre. El día probable de parto es el día 8 de marzo. Es la tercera hija de una familia humilde. Sus hermanos, Anabel y Kike, la esperan ya ansiosos.
Ella y yo nos llevaremos 35 años de diferencia, y espero que no sean solo los años la diferencia que ella encuentre cuando venga a este mundo.
Aprovecho para ponerla de protagonista porque el día que se conmemora el día de la mujer trabajadora es especial para todas aquellas mujeres que seguimos apostando por la igualdad entre hombres y mujeres en esta sociedad.
He sido afortunada de vivir un progreso democrático, y crecí con los valores y la necesidad de creer que todos somos igual de importantes dentro de la esfera social en la que vivimos. Siempre creí en la posibilidad de cambiar las cosas que no nos gustaban e imaginar que todo progreso era posible. Después crecí, con esas ideas “quijotescas” como decía mi padre, porque según él y su experiencia “el mundo no era así”. Una verdad agría que se fue presentando a lo largo de mi maduración en la vida.
Sin darme cuenta me educaron en el rol femenino, en las tareas domésticas, en ser inferior al hombre. Aunque siempre fue con disimulo y con cierta ignorancia de pensar que las cosas eran así. Yo nunca lo acepté, y pensé que mi condición de mujer era tan respetable, tan lícita y tan necesaria como la masculina. Luego vino el mundo laboral y la vida familiar, y aunque mucho se ha cambiado, los vestigios de ser mujer todavía están separados por una gruesa línea que nos diferencia de ellos, los hombres.
Sin embargo, siempre he luchado por mantener mis valores, el sacrificio y el esfuerzo deben ser constantes aunque el resultado no sea el deseado.
Somos, en la sombra, las que vamos levantando el mundo. Somos las que, mayoritariamente, educamos a nuestros hijos. Las que en las situaciones adversas familiares doblamos nuestra jornada laboral para que el sustento familiar no falte. Las que sacrificamos nuestras horas de sueño para que en nuestro hogar siempre reine la felicidad.
Sigamos luchando por la igualdad, apoyando a quienes nos necesitan y apostando por plantar en nuestros hogares la semilla del progreso verdadero.
Espero que mis hijos comprendan el valor de estas palabras y sepan transmitir el legado que muchas madres queremos darles.
Felicidades a todas las mujeres, sean madres, hijas, trabajadoras, desempleadas o unas simples soñadoras.

miércoles, 20 de mayo de 2009

"Moral es lo que nos permite ser fieles a nosotros mismos" Jeanne Moreau

LA MUJER Y LA IGUALDAD

Si oimos radio, la televisión y leemos un poco la prensa,comprobamos que es inevitable que la polémica del aborto salga a relucir en más de una tertulia.

Los que me conocen bien saben que estoy en contra del aborto y los que me conocen muy bien saben que, un día, tuve que hacer uso de él.
En toda esta controversia de opiniones, divagaciones y exposiciones de unos y de otros, no encuentro en sus opiniones el verdadero problema de la nueva ley sobre el aborto, que en mi humilde opinión, libra a muchas mujeres de situaciones "no deseadas".

Si bien es cierto que poder abortar a los 16 años, sin consentimiento de los padres, puede abocar a las niñas a utilizar esta medida como método anticonceptivo y, relegar la responsabilidad del acto sexual a un segundo plano.
También es verdad que dicha irresponsabilidad, por parte de DOS PERSONAS, puede ocasionarles en un futuro muchas complicaciones, y no solo a la mujer en cuestión, sino que implicaría desgraciadamente a todo el círculo familiar.

Y en este punto de mi reflexión me pregunto: ¿cuál es el papel que jugamos los padres aquí?. Pues un rol muy sencillo: El de educadores de nuestros propios hijos. Debemos ocuparnos de su educación sexual, enseñándoles que las relaciones sexuales deben ser libres, placenteras y responsables. Enseñarles que deben utilizar los métodos anticonceptivos y disfrutar de él, por supuesto.
La ley, en nuestro hábitat familiar, solo tiene que ser una mera cuestión social y jurídica, una medida que, si bien fallan las anteriores, ampare y permita a la mujer decidir si desea continuar con ese embarazo o no.

En segundo lugar, tengo la inevitable sensación de que a la mujer se le está privando de una autonomía que tiene por derecho, por el simple hecho de ser mujer y un ser humano. ¿En cuántas ocasiones no hemos visto o no hemos oído hablar de mujeres que se han quedado embarazadas, han seguido hacia delante y han tenido a sus hijos? ¿Cuáles han sido sus condiciones para enfrentarse a la vida?
Mujeres que sin medios económicos y solas, excluidas totalmente de una sociedad que alberga sólo un modelo familiar, han tenido que luchar y sacrificarse por sus hijos. Quizás, haya quien piensen que se lo merecían. Pero ¿dónde queda el hombre? Ese hombre latino que demuestra su virilidad en una noche de pasión y después se aleja, ese hombre que no lucha, que no se sacrifica por esos hijos que también ha traído al mundo, de esos hijos que ni si quiera conoce. Ese hombre que tiene el derecho a opinar después, si una mujer tiene o no que abortar, tiene o no que apartar su vida para ser madre y dejar de ser mujer. Quienes sean madres entenderán muy bien de lo que hablo.

En tercer lugar, ¿acaso estamos hablando de una rebelión de ciertas clases sociales contra la IGUALDAD?
Sinceramente, me asustan todas aquellas personas que alardean de modelo unitario de familia, de ir en contra del derecho de la mujer, ese que todavía no hemos ganado en nuestra Historia, que incluye injusticias, marginación, ect..
Y como no, oir por boca de aquellos que predican el arrepentimiento y animan a pecar en nombre de Dios, porque la absolución de sus pecados dependderá de a quien o a quienes deba ser concedido ese derecho a pecar o de ser condenados, a esa plebe que miran en picado y desde arriba y que, además, son medidos por su propia vara, esos que son ajenos a este otro mundo que reclama igualdad y tolerancia.
Y no puedo dejar de hablar de aquellos que siempre usaron el dinero para tapar y cubrir la “honra” de sus hijas, y que acompañados en todo momento de ese don superior impidieron la “desgracia” de los suyos.
Esos mismos que insultan a las mujeres que abortan o que impiden ejercer ese derecho.
Por estos motivos, pienso cual es realmente la preocupación de estos colectivos: ¿Su necesidad de que no exista la IGUALDAD en el mundo o seguir recalcando la SUPREMACÍA DEL HOMBRE sobre la mujer, negándole este derecho?