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viernes, 7 de marzo de 2014

Ser mujer en los tiempos de hoy

SER MUJER EN LOS TIEMPOS DE HOY



¿Cuántas veces se nos ha condicionado a la mujer a tomar una decisión que dista de nuestros propios anhelos? Yo misma siento ese martilleo constante a través de la sociedad. 

Ser mujer. Un estado que se incorporó a mí ser desde el primer momento en que se gestó en el vientre de otra mujer: mi madre. Un sentimiento, un aprendizaje, unas emociones y una vida que a lo largo de los años se ha ido identificando en las diferencias naturales que existen entre lo femenino y lo masculino.

Yo siempre he vivido mi feminidad como la evolución de mi propio ser. He aprendido a ser mujer a través de las enseñanzas de mi madre, de mis abuelas y de los ancestros codificados que están escritos en nuestro ADN.

Y siempre he crecido con la creencia de ser persona. De desarrollar un crecimiento personal, social y personal acorde a mis posibilidades y obviando que ser mujer no es un fin sino una expansión del ser, y que cada uno es conocedor de sus propios fines y límites.

Sin embargo, la andadura y las experiencias te hacen sortear los lindes que la propia sociedad te impone cuando en tu DNI aparece la palabra mujer. Que no permitimos eliminar los estereotipos y te hacen pertenecer a un rol en que a veces no sientes plena libertad de acciones, que te hace cuestionar si estás cumpliendo tus responsabilidades como mujer, esposa, hija, madre y trabajadora.

Mi experiencia y mis necesidades, cuántas veces contradictorias han buscado una comprensión y desasosiego en querer eliminar el velo hipócrita de la sociedad. Y porque cuántas veces hemos sentido alivio al comprender que no es necesario ser una madre perfecta, ni una mujer diez, ni una ejemplar hija porque soy yo. Simplemente yo.

Ser mujer es muy complicado cuando entiendes que eres una persona con sentimientos, que necesitas expandirte y crecer. Y es que ser mujer nos priva a veces de eso. ¿Por qué?

Buscamos la coherencia natural de nuestra condición de mujer y espero que un día la mujer consiga convivir en su mundo sin los obstáculos que muchas veces nos encontramos en el camino.

miércoles, 13 de marzo de 2013

El hurto de la necesidad




Ayer, mi hija me pidió una chocolatina. Esas de renombre que te hacen parar el mundo para degustarlas. Y como estamos en crisis y tenía que comprar tres en vez de una-por eso de repartir entre todos los  hermanos- decidí bajar a un gran establecimiento. De esos en que todo parece más barato.

Me dirigí al sitio, sabía el trayecto y el lugar exacto dónde encontrarlas. Al llegar me incliné para cogerlas y poder comprarlas. Y con éste inocente gesto rompí el espacio entre un señor y sus acciones.

Pude observar, sin mirar y sin ser vista, como alguien a mi lado abría su cazadora e introducía algo para volverla a cerrar y ocultar así lo que no estaba dispuesto a pagar. No quise volver mi mirada ni ser cómplice de aquella situación, porque ya me sentía encubridora de lo que sucedía.

Pero también sentí su vergüenza, sus nervios, su no saber qué hacer después. Y allí se quedó, fingiendo que buscaba algo más con unos ojos perdidos, quizás, en el remordimiento de sus actos.

Soy habitual de ese establecimiento y conozco a parte del personal. Pensé en comunicar el robo pero mi última mirada a aquel anciano encorvado, que la ropa le bailaba en su cuerpo, que sus ojos delataban y que sus manos temblaban le dijo a mi conciencia que respetara su acción. Y así lo hice.

De camino a la salida pensé muchas cosas menos en denunciarlo. Algo me decía que aquel el hurto era un signo de la deriva de nuestra sociedad. Que ese señor, que podría ser cualquiera de nosotros, en un acto de necesidad, de urgencia o de desvarío se había convertido en una señal de alarma, en una voz silenciosa, en la imagen real del abandono social que se está instalando en nuestras vidas de una forma insultante. Y ahí tengo esa imagen incrustada en la retina, parpadeante, como cuando el sol nos quema la vista y nuestra conciencia nos atrapa.

miércoles, 2 de enero de 2013

¡Bienvenido 2013!




Al llegar la Navidad siempre espero pasar unos días entre familia y amigos, y embriagarme de luces y dulces villancicos. Pero nunca lo consigo. Y es que llega la inesperada Nochebuena, dedicada a estar en familia y pasar buenos ratos y se convierte en separación, en autoridad y otra vez más, en desilusión. Pero pasan los primeros días con la casa decorada de bolas brillantes, un árbol que destella luces y un Belén hecho más por distracción que por devoción. Y vuelven los propósitos que nunca se cumplen y que se guardan en las cajas del trastero con el resto de la decoración navideña.

Y entonces, pasa una semana veloz que se desliza por mi lado casi sin rozarme hasta llegar la Nochevieja. La noche lujuriosa por defecto de todo el año, y que revive la sensación de una opulencia que no va contigo pero que te hiere porque te hace diferente al resto. Quizás sea el recuerdo de aquellas noches gélidas que guardo en la memoria, cuando era joven y lucía vestidos que ni abrigaban ni embellecían pero que te hacían pertenecer al grupo. Ya disfruté de esas madrugadas, que pasaban igual de efímeras que las de ahora, y quizás por eso, ya no las hecho tanto de menos.

Se acaba 2012 con la experiencia de un año atiborrado de reivindicaciones, de nuevos proyectos y agonías sociales. Y sin embargo, resurge otra vez el mismo sentimiento de sentirte ajena a unas tradiciones que no acompañan al fin de año como se merece, porque ni las uvas ni el cava olvidan la incertidumbre del los nuevos días que están por llegar.

Aún así, la esperanza y la nostalgia cenan juntas, y al acabar los abuelos duermen en el sofá mientras los niños juegan- y pides que esa magia dure siempre- y decoran la casa con motas de algodón que simulan la nieve que imaginan pero que el tiempo les priva. Y entre tres generaciones la casa luce y espera alerta a un nuevo año, una época de incertidumbres que acompañan la noche. Y mientras se habla de crisis y cómo solventarla, en la más pura ingenuidad, los más osados no podemos reprimir sentir cierto miedo al año que toca la puerta porque entre los villancicos de fondo, las noticias de la televisión  hablan de subida de impuestos, de luz y de agua.

¿Qué suerte tendremos los que exhibimos la clase obrera, los que sabemos que todo es una farsa impuesta, los que entendemos que así no va el mundo?  Mucho alboroto alberga mis pensamientos esta noche de fiesta. Porque no es momento de tener miedo y sí sentirse capaz de conseguir, como hacen los niños, que nieve dentro de casa y que los copos de nieve no mojen sino decoren.  Hay que sentir sus risas como el motor que de impulso al movimiento sin que la indeferencia sea una estorbo en nuestros días.

Y pese al desconsuelo de la noche más majestuosa del año llega un nuevo amanecer, cargado de risas y de sueños, de utopías y desafíos. Un día más, tan normal y tan especial como cualquier otro pero que  ante la adversidad, ante el descaro, y ante la falta de impunidad tenemos que sobrevivir por estos locos bajitos. Y aprender a reír sin saber porqué, y evitar que les roben la felicidad.

Este nuevo año aprendamos a convivir con nuestros hijos, y  a olvidar nuestros prejuicios. Preguntándonos el porqué te las cosas y dando libertad a la verdad. Que nos enseñen a no temer a las amenazas sino a combatirlas con creatividad, con amor y esperanza. Eduquemos a nuestro futuro en la espiritualidad y en la creatividad necesaria para que cambie el engranaje de éste mundo obstruido. Y sobre todo entender que continuar forma parte de cada uno y éste 2013 es el año de la victoria del ser humano.

martes, 9 de octubre de 2012

La necesidad de que tomemos conciencia de la situación




De repente, la crisis o la desaceleración o como se quiera llamar ha hecho que la mayoría de ciudadanos se impliquen de forma, más o menos activa, en la política. Pero aún así, esa dedicación no es suficiente ya que el pueblo debe concienciarse de cual es su papel y su deber como ciudadano.

Y es que, pese a que la gente sale a la calle a protestar lo hacen quienes, de una forma u otra, han sido azotados por el latigazo de los recortes, y la desgracia es que ese vara cada día toca a más españoles.

¿Por qué hablo de concienciar? Porque muchos no entienden lo que significaba el Estado del Bienestar y los malos actos y la codicia rompieron con el valor social más importante de la historia.

El español incumple la ley en cualquiera de los eslabones de la jerarquía social. Lo hace el político y lo hace el ciudadano. Uno para enriquecerse y demostrar el poder absoluto que tiene sobre el pueblo, como si un monarca del régimen absolutista se tratara y su escaño fuese impuesto por imposición divina más que por el voto del pueblo. Aunque visto la influencia de la Iglesia en esta legislatura, esta asimilación no parece muy contradictoria.
Y para no ser menos, aunque a inferior escala también “mete la mano” el de abajo. Y aunque no critico al que lo hace por necesidad, si que me escandalizo cómo asumimos el fraude sin ni si quiera pensar que se trata de un acto fraudulento.

Siempre me he alarmado de esta concepción que tiene la mayoría de los ciudadanos de a pie de lo que significa la prestación del paro (cobrarla y al mismo tiempo trabajar sin contrato), la obligación de pagar impuestos (aunque esta evasión es más de grandes esferas que de pequeñas), de cobrar ayudas sin necesitarlas y un largo ect de acciones que son ILEGALES. Aunque la mayoría las utilice para su bienestar todo esto, además de la gran corrupción de nuestros políticos, a que de degenere todo lo que nuestros antepasados lucharon y lucharon por conseguir.

Y gracias a los actos fraudulentos, esos que algunos utilizan para cobrar dos sueldos o para beneficiarse de ayudas que no les corresponden la pobreza y el desamparo social recorren España entera como una epidemia mortal que deja agonizando a la clase media y da muerte a los que ya no tienen donde aferrarse.

miércoles, 27 de junio de 2012

Soy minero de esta sociedad




     Los mineros se han hecho escuchar. Ya todo el mundo habla de ese grupo de trabajadores y a todos  llega la fotografía: Hombres de cara tiznada, con su casco-linterna y su mono azul y mujeres con el puño en alto acompañando a sus maridos. Y esta imagen la tenemos siempre en movimiento. Ahora los mineros están fuera de sus minas mientras caminan y reivindican su lugar en la sociedad.

   Y mientras, el resto los mira y habla y cuestiona su lucha. Y en esos comentarios que todos hacen (o hacemos) se pone en duda la rentabilidad del carbón español, de las energías renovables, de las nucleares... Y no se cae en la cuenta de que no se trata de una simple operación matemática de las que el neoliberalismo ha metido en las cabezas de todos los ciudadanos: "Si compro por uno vendo por diez, he ganado nueve". Dicen los que buscan el beneficio por el beneficio en las empresas.

    La crisis especulativa que vivimos a nivel mundial ha permitido crear una sociedad muy fraccionada: Muy ricos contra muy pobres ya que la escisión entre clases sociales ya está demasiado marcada. Y es que, los ricos, cada vez más ricos y poderosos, han construido un mundo donde los pobres, cada vez más pobres, sucumben a ellos y entonces, el todopoderoso, somete la vida del obrero sin importarle que trabaje más de las ocho horas marcadas por la ley, ni que sea por un mínimo sueldo irrisorio, porque todo vale con la condición de que el empleado sea un simple número que aumente la plusvalía de sus activos.

     Sin embargo, los mineros representan la ficha en la destrucción del tejido social y humano que ahora acontece. Y con sus reivindicaciones consiguen que el resto de ciudadanos sean consciente del agravio que se origina que tal demolición. Porque la sociedad es el conjunto de acciones, cooperaciones e infraestructuras entre sus diferentes piezas: ciudadanos, políticos, empresarios, empresas, servicios, ect... Si esta cadena se rompe no funciona nada. Un pueblo debe actuar por sí mismo y crear trabajo que genere la convivencia entre todos sus nexos con el fin de que todos puedan convivir de una manera justa y ordenada. Aunque ahora, el modelo que funciona es el de mucho para uno y poco para muchos.

       La minería puede no ser rentable en estos momentos, pero en esta coyuntura que ha llevado a la crisis es necesario que se replantee ¿qué es lo que debe prevalecer? Debe primar la coherencia de crear trabajo, de que todos los miembros de una comunidad puedan participar, sentirse útiles, beneficiarse de la colectividad que somos todos, asistirse los unos a los otros. En otras palabras: Crear la base de una sólida sociedad. Pero ajeno a las necesidades del pueblo el gobierno "rescata" a los bancos e indulta a corruptos, favorece al rico y desprestigia al pobre. Y no hace nada para mantener el flujo económico de otros sectores, ni se molesta en invertir en I+D+i y alimentar el ciclo del núcleo urbano donde el hombre desarrolla su vida.

      Un trabajo no es un salario mileurista es el progreso que va encadenado a una serie de elementos que permite que la vida de la urbe o del pueblo tenga subsistencia y prosperidad. De nosotros depende que esos mil euros rueden en  la cadena de la bonanza de nuestra patria y ayude al panadero, al carnicero, al farmacéutico... El resultado de la operación "compro por uno y vendo por diez" no debería predominar más que la lucha de los mineros (y cualquier otro oficio) por nutrir la identidad que nos caracteriza como humanidad.

jueves, 2 de febrero de 2012

Más reflexiones...

No voy a utilizar la palabra crisis, voy a cambiarla por miedo, por arrogancia, por abuso de poder, por manipulación social. Por una serie de palabras que hacen que la gente se paralice ante su propia vida.
En la diversidad está la posibilidad de la convivencia, de compartir, de crear una vida en comunidad necesaria para todos. Sin embargo, la educación y la cultura de años y siglos atrás ha fortalecido siempre a único poder: el dinero. Hoy, vemos como quien mantiene esos “pilares” se ha transformado en una especie de Dios que ejerce y manipula de una manera tan aterradora que ha conseguido que el mundo entero se inmovilice ante él.
Y la realidad es otra bien distinta. Porque el ser humano es capaz de muchas cosas, de crear y de convivir en su mundo y expandir prosperidad. Algo que nos están robando sin contemplaciones.
Vivir con miedo no es vivir. No nacimos para ser marionetas de quienes por defecto se atribuyen el mandato, ni para proveer de riquezas a quienes más tienen, mientras nosotros nos hundimos en la miseria.
Hoy, es necesaria una lucha, una reivindicación del poder del pueblo. Es necesario que el pueblo se una, que contemple la necesidad de recobrar su propio destino. No es justo que para que unos vivan mejor, otros tengamos que hipotecar nuestras vidas, y que eso aún no les parezca suficiente.
Nadie tiene el derecho de pisotearnos, de humillarnos, y de hacernos vivir como a ellos les de la gana.
No a las demagogias, no a delegar nuestras vidas a aquellos que no nos respetan ni como personas.
Necesitamos luchar, y aunque no lo creamos tenemos muchas más armas que ellos, somos más, y lo más importante de todo, es que somos iguales –aunque nuestro traje no sea marca ni gratis-
Es necesaria la unión, y el sacrificio de tener voluntad para reclamar lo que por derecho nos corresponde. Que no te manipulen, no pienses en ellos piensa que es tu colectivo lo más importante, al fin y al cabo, es la esfera donde vives.