Pocas son las mañanas que al leer la prensa mis ojos evitan fijar la vista, con una tristeza que se agudiza, en noticias sobre la violencia de género. Mujeres que pierden la vida a manos de personas que fueron importantes en la suya. Tan importantes que hasta decidieron acabar con ellas.
Cuando era niña y comprendí el concepto de la igualdad supe que no hay diferencia entre hombres y mujeres. Sin embargo, la vida me ha ido enseñando que sí que la hay. Que nuestra condición femenina no es suficiente para que nuestro desarrollo evolucione sin que la lacra de una mentalidad machista aflore en las esquinas oscuras de la ciudad. Tan cruel como que un día amanezca manchada de sangre junto al cuerpo de una mujer que ha sido calumniada y desvalorada por quien no acepta como es.
Muchos son los medios que se utilizan para radicar este odio, y sin duda, ninguno sirve en el momento en el que un hombre decide poseer la vida de otra persona y respire su último aliento hasta manchar sus manos de sangre.
¿Qué es lo que debemos hacer? Supongo que seguir luchando. Y como mujeres educar a nuestros hijos, los que serán el futuro, para que comprendan y entiendan cual es el verdadero significado de la palabra igualdad.
¿Y mientras tanto? Esperar que el amor no se convierta en odio. Ni que las alegrías se tornen amargas en las familias destrozadas por esta violencia absurda.
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sábado, 18 de diciembre de 2010
lunes, 31 de agosto de 2009
Repulsa a la violencia de género
El espanto se disipa muy lentamente y deja paso a la rabia que nos inunda. Los recuerdos, las imágenes y los sentimientos que empatizan con el dolor de las familias, que sufren en primera persona la devastadora mano de la injustita, se amontonan todos juntos y dan lugar a esta piedra llamada lastre que todavía hoy arrastra nuestra sociedad: la violencia de género.
La inevitable realidad que resurge del cuerpo sin vida de una mujer porque alguien que no respetó su vida, sus sueños, sus anhelos y su libertad decidió que terminara su historia.
El sufrimiento nos invade a todos porque todos sufrimos, todos gritamos y callamos. Todos nos unimos para repulsar una y otra vez la agresividad del hombre contra la mujer. Pero ellos siguen ahí, los que con su valentía acallan de un guantazo la voz de la mujer, los que deciden nublar el brillo de la igualdad, de la felicidad y de la lucha.
La mujer, quien da vida y protege, quien ama sin condicionamiento, quien lucha por la supervivencia de los suyos y por la suya propia sin más escudo que su amor hacia los demás.
La mujer quien en la debilidad de su sexo que no muestra sino la valentía de enfrentarse a la vida y hacerse un lugar en ella. Que tropieza con un amor infectado de odio que no respeta, que no escucha, que no se da cuenta de que la felicidad no tiene que ser de color morado ni tiene que llorar lágrimas de sangre.
La inevitable realidad que resurge del cuerpo sin vida de una mujer porque alguien que no respetó su vida, sus sueños, sus anhelos y su libertad decidió que terminara su historia.
El sufrimiento nos invade a todos porque todos sufrimos, todos gritamos y callamos. Todos nos unimos para repulsar una y otra vez la agresividad del hombre contra la mujer. Pero ellos siguen ahí, los que con su valentía acallan de un guantazo la voz de la mujer, los que deciden nublar el brillo de la igualdad, de la felicidad y de la lucha.
La mujer, quien da vida y protege, quien ama sin condicionamiento, quien lucha por la supervivencia de los suyos y por la suya propia sin más escudo que su amor hacia los demás.
La mujer quien en la debilidad de su sexo que no muestra sino la valentía de enfrentarse a la vida y hacerse un lugar en ella. Que tropieza con un amor infectado de odio que no respeta, que no escucha, que no se da cuenta de que la felicidad no tiene que ser de color morado ni tiene que llorar lágrimas de sangre.
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