No somos nada, sólo números para el gran capital. Y sin embargo, es de nosotros de quienes sacan la energía para continuar ejerciendo su poder de controlar el mundo.
Yo nací en una familia humilde, ni rica ni pobre. Fue humilde porque se reprodujo con los medios que tuvo en su momento para subsistir y porque se alimentó de la esperanza de un mundo mejor donde primara la igualdad y el respeto humano y dejase atrás un tiempo de dictaduras y momentos de escasez.
Así, de ésta manera fuimos creciendo los más pequeños y envejeciendo los más mayores, con la mirada fija en un estado de bienestar que creímos alcanzable.
Por ello, desde que me hice adulta y tomé la responsabilidad de ejercer mi derecho de ciudadana, como trabajadora, como madre y cómo habitante dentro de la esfera social, dónde he tenido el privilegio de vivir, veo cómo toda aquella luz que vislumbramos va perdiendo fuerza y se está apagando.
Sí, por mucho esfuerzo y empeño de los que vendemos nuestra fuerza de trabajo, y gran parte de nuestra vida a quienes más tienen, seguimos más que nunca en la cuerda floja sin llegar a ser nada de nada. Solamente un número más que en la gran economía del neoliberalismo se transforma en un decimal despreciable.
Ahora, desde la perspectiva de la madurez y los años vividos, la desazón por pertenecer a un sistema que no es ni igualitario, ni justo, ni si quiera capaz de ser, esa milésima parte decimal despreciable, humano la esperanza se desvanece.
Pero esa es la parte colectiva más negativa del ser humano, y quizás, con gran optimismo piense que algún día, y espero que no muy lejano, la situación cambie hacia una verdadera social-democracia. Esa que hoy brilla por su ausencia.
jueves, 8 de julio de 2010
viernes, 25 de junio de 2010
¿A qué llamamos irresponsabilidad?
Se puede eximir la culpabilidad de las autoridades y las fuerzas de seguridad, pero a una irresponsabilidad tan grande, tan masificada y tan dramática se le debe tratar, cuanto menos, con más sensibilidad.
Las catástofres suceden en un segundo. Un tiempo indeterminado donde se conjugan de manera fatídica demasiados ingredientes para explosionar en tragedia. Pero no es momento de echar culpas a las víctimas y a los irresponsables sino de cuestionar al milímetro qué es lo que hace que una noche mágica como la de San Juan se convierta en el escenario dantesco entre brujas, muerte y sangre.
Llevamos demasiado tiempo escuchando sin cesar la palabra crisis. Y sin duda, pocas soluciones se están tomando al respecto, ya que son las cortinas de humo que disipan los horrores las principales protagonistas de la inoperancia y el sin sentido de una época marcada por el desánimo y la irresponsabilidad de quienes se amparon un un neoliberalismo sin control.
Quizás un tema y otro no tengan sentido aparente, pero en el transfondo de cada cosa sí lo tienen. En la convivencia social en la que todos participamos son las autoridades quienes deben determinar y asegurar la seguridad de sus ciudadanos. La falta de solvencia, el desvío de caudales económicos hacia otros lugares (habléses de paraisos fiscales y actos fraudolentos dentro de la sociedad) hacen que las medidas de seguridad se vean disminuidas al límite y, en consecuencia, en las grietas surgan sin escrúpulos accidentes como el de Castelldefells (Barcelona).
Entonces, no llamemos imprudencia (ni le quitemos responsabilidades a quien la comete) a las desgracias que pueden evitarse. Sirva este desgraciado accidente para que nuestros gobernantes dejen de mirarse el ombligo y luchar por sus cláusulas vitalicias y comiencen realmente con la misión que tenían que haber mantenido desde el principio: crear un Estado que ampare a la sociedad.
Las catástofres suceden en un segundo. Un tiempo indeterminado donde se conjugan de manera fatídica demasiados ingredientes para explosionar en tragedia. Pero no es momento de echar culpas a las víctimas y a los irresponsables sino de cuestionar al milímetro qué es lo que hace que una noche mágica como la de San Juan se convierta en el escenario dantesco entre brujas, muerte y sangre.
Llevamos demasiado tiempo escuchando sin cesar la palabra crisis. Y sin duda, pocas soluciones se están tomando al respecto, ya que son las cortinas de humo que disipan los horrores las principales protagonistas de la inoperancia y el sin sentido de una época marcada por el desánimo y la irresponsabilidad de quienes se amparon un un neoliberalismo sin control.
Quizás un tema y otro no tengan sentido aparente, pero en el transfondo de cada cosa sí lo tienen. En la convivencia social en la que todos participamos son las autoridades quienes deben determinar y asegurar la seguridad de sus ciudadanos. La falta de solvencia, el desvío de caudales económicos hacia otros lugares (habléses de paraisos fiscales y actos fraudolentos dentro de la sociedad) hacen que las medidas de seguridad se vean disminuidas al límite y, en consecuencia, en las grietas surgan sin escrúpulos accidentes como el de Castelldefells (Barcelona).
Entonces, no llamemos imprudencia (ni le quitemos responsabilidades a quien la comete) a las desgracias que pueden evitarse. Sirva este desgraciado accidente para que nuestros gobernantes dejen de mirarse el ombligo y luchar por sus cláusulas vitalicias y comiencen realmente con la misión que tenían que haber mantenido desde el principio: crear un Estado que ampare a la sociedad.
viernes, 14 de mayo de 2010
HISTORIAS
La vagamunda creía errar por el mundo de los sentimientos pasando desapercibida, hasta que un día el escritor la convirtió en su musa. Entonces dejó de ser nómada para convertirse en la princesa encarcelada de un libro.
miércoles, 21 de abril de 2010
Velos y marcas
Hay un cuento de Jorge Bucay titulado “El Elefante”. Es la historia del elefante protagonista de un circo que mostraba su fuerza y su tesón al público, pero que en la trastienda del mundo de la farándula donde vivía estaba atado a una cadena de hierro. ¿Porqué se preguntó un niño?¿Porqué un animal de tal valía no era capaz de romper su encadenamiento? Y la pregunta era muy fácil de contestar y muy difícil de comprender. Porque aquella cadena estaba desde que el elefante era un bebe, y entonces no la pudo romper, y después, cuando ya era mayor seguía creyendo que jamás podría romperla, y ya nunca más lo intentó.
Una moraleja que podríamos aplicar al tema candente de los velos y símbolos religiosos. Porque no deberíamos debatir entre si se acepta o no el uso de estos símbolos sino el hecho en sí que obliga a las personas a usarlos. Como el elefante, muchos habrán olvidado de que llevan utilizándolo desde la infancia y a día de hoy, su capacidad de juicio queda relegada a su uso sin más.
No deberíamos cuestionar qué símbolos deambulan por los colegios cuando en nuestra sociedad se les permite a las empresas y a las grandes corporaciones publicitarse dentro de los colegios y abusar de esclavos inconscientes a los alumnos que llevan la marca impresa en sus camisetas, deportivos y demás prendas de vestir. La simbología del capitalismo está expuesta frente a nuestras narices y ni si quiera la vemos, pero tenemos el don de sacar nuestra vena racista para atacar a niñas que están en un proceso evolutivo de su propia conciencia. Porque la educación es el mejor camino para llegar a la libertad y ellas están en él. Y quizás el día de mañana, sin obligación ni deber, serán totalmente libres de decidir si cubren o no sus cabezas. Hagamos más fácil su libertad y aprendizaje y cuestionemos más nuestros encarcelamientos sociales como el capitalismo que nos azota.
Una moraleja que podríamos aplicar al tema candente de los velos y símbolos religiosos. Porque no deberíamos debatir entre si se acepta o no el uso de estos símbolos sino el hecho en sí que obliga a las personas a usarlos. Como el elefante, muchos habrán olvidado de que llevan utilizándolo desde la infancia y a día de hoy, su capacidad de juicio queda relegada a su uso sin más.
No deberíamos cuestionar qué símbolos deambulan por los colegios cuando en nuestra sociedad se les permite a las empresas y a las grandes corporaciones publicitarse dentro de los colegios y abusar de esclavos inconscientes a los alumnos que llevan la marca impresa en sus camisetas, deportivos y demás prendas de vestir. La simbología del capitalismo está expuesta frente a nuestras narices y ni si quiera la vemos, pero tenemos el don de sacar nuestra vena racista para atacar a niñas que están en un proceso evolutivo de su propia conciencia. Porque la educación es el mejor camino para llegar a la libertad y ellas están en él. Y quizás el día de mañana, sin obligación ni deber, serán totalmente libres de decidir si cubren o no sus cabezas. Hagamos más fácil su libertad y aprendizaje y cuestionemos más nuestros encarcelamientos sociales como el capitalismo que nos azota.
miércoles, 24 de marzo de 2010
Todxs podemos
Cuando varias de las empresas más importantes de nuestro país se unen y deciden gastarse 4 millones de euros en ayudar a la gente a que forme parte de una filosofía que nos permita salir de esta crisis, muchos olvidan que detrás de ese gesto altruista, existe un motivo. ¿Cuál es? Reflexionen ustedes.
Hay quienes culpan al ciudadano de a pie de “vivir por encima de sus posibilidades”, pero mi pregunta es quién determina esas posibilidades que nosotros nos podemos permitir, o quién decide poner el límite a ellas. Quizás hace cuatro años nos vimos sumergidos en una economía que bullía y hacía correr el dinero. Quienes agudizaron el ingenio aprovecharon el momento e aumentaron sus ahorros. Ahora, a estas alturas de la crisis, muchos se encuentran desolados, deprimidos porque no llegan a fin de mes, porque la grandísima hipoteca se zambulle todo el presupuesto y la desazón los acompaña.
Campañas para potenciar el positivismo y el consumismo encubierto afloran, porque en el fondo, saben que el poder del ciudadano es grande, y que con mensajes directos y cargados de sensibilidad pueden volver a reactivar la economía.
Pero muchos pensamos que no es momento de reactivar la economía, sino de crear un modelo justo y solidario para todos. De terminar con todo aquello que agiganta a los más poderosos y empequeñece a los más débiles.
Es momento de creer que todos podemos cambiar el mundo, aportar nuestro granito de arena y desechar todo aquello que ha resultado ser perjudicial para la humanidad.
Porque Todxs podemos.
Hay quienes culpan al ciudadano de a pie de “vivir por encima de sus posibilidades”, pero mi pregunta es quién determina esas posibilidades que nosotros nos podemos permitir, o quién decide poner el límite a ellas. Quizás hace cuatro años nos vimos sumergidos en una economía que bullía y hacía correr el dinero. Quienes agudizaron el ingenio aprovecharon el momento e aumentaron sus ahorros. Ahora, a estas alturas de la crisis, muchos se encuentran desolados, deprimidos porque no llegan a fin de mes, porque la grandísima hipoteca se zambulle todo el presupuesto y la desazón los acompaña.
Campañas para potenciar el positivismo y el consumismo encubierto afloran, porque en el fondo, saben que el poder del ciudadano es grande, y que con mensajes directos y cargados de sensibilidad pueden volver a reactivar la economía.
Pero muchos pensamos que no es momento de reactivar la economía, sino de crear un modelo justo y solidario para todos. De terminar con todo aquello que agiganta a los más poderosos y empequeñece a los más débiles.
Es momento de creer que todos podemos cambiar el mundo, aportar nuestro granito de arena y desechar todo aquello que ha resultado ser perjudicial para la humanidad.
Porque Todxs podemos.
domingo, 14 de marzo de 2010
Los momentos torcidos de mi vida
Sin saber si será o no, yo ya he dejado a su libre albedrío a mi “cabecita loca”. Y la razón no es sólo el miedo a lo que pueda venir, porque lo que venga, de la manera que sea y en el momento que quiera: vendrá.
Pero ahora, en la incertidumbre, comienza una necesaria y nostálgica vuelta atrás. Y viene despacito a veces, rápida otras y la mayoría de veces incoherente. Porque no es que el miedo te haga pensar en lo que puede o no puede venir. Es que, sin darme cuenta, echo de menos todos esos sueños que por culpa de la rutina he dejado escapar, y me vienen ahora para presionar, para que enderece el camino torcido.
Sí, ellos saben muy bien que el camino hay que enderezarlo. Saben demasiado bien sacar esos momentos dónde mucha gente ya predijo que entre lo que se ve y lo que se esconde hay una pequeña puerta que no está cerrada, y que algo terminará escapándose por ahí. Y puede que ya nunca vuelva.
Ahora, sin saber si es o sino es, sentada, de pie, dormida o despierta comienzas a oler el aroma de cada despertar, a sentir la humedad que se queda en la mejilla después de un beso o el eco de todo aquello que se oye pero no se escucha.
Y así estoy, pensando sin querer pensar. Sin miedo y con la necesidad de sentir que no se pierde nada si lo que queremos es seguir luchando…
Sí, son muchos párrafos viudos los que he dejado ahí, solitarios, solos con la idea, pero es que yo también me encuentro en esa sensación, en la de dejar en mi cabeza las ideas para no que no continúen, de momento. Ya lo harán y darán sentido y continuidad a todo.
Pero ahora, en la incertidumbre, comienza una necesaria y nostálgica vuelta atrás. Y viene despacito a veces, rápida otras y la mayoría de veces incoherente. Porque no es que el miedo te haga pensar en lo que puede o no puede venir. Es que, sin darme cuenta, echo de menos todos esos sueños que por culpa de la rutina he dejado escapar, y me vienen ahora para presionar, para que enderece el camino torcido.
Sí, ellos saben muy bien que el camino hay que enderezarlo. Saben demasiado bien sacar esos momentos dónde mucha gente ya predijo que entre lo que se ve y lo que se esconde hay una pequeña puerta que no está cerrada, y que algo terminará escapándose por ahí. Y puede que ya nunca vuelva.
Ahora, sin saber si es o sino es, sentada, de pie, dormida o despierta comienzas a oler el aroma de cada despertar, a sentir la humedad que se queda en la mejilla después de un beso o el eco de todo aquello que se oye pero no se escucha.
Y así estoy, pensando sin querer pensar. Sin miedo y con la necesidad de sentir que no se pierde nada si lo que queremos es seguir luchando…
Sí, son muchos párrafos viudos los que he dejado ahí, solitarios, solos con la idea, pero es que yo también me encuentro en esa sensación, en la de dejar en mi cabeza las ideas para no que no continúen, de momento. Ya lo harán y darán sentido y continuidad a todo.
jueves, 18 de febrero de 2010
AUTOREFLEXION
Si nos paramos a pensar tranquilamente podemos darnos cuenta de la suerte que tenemos y echarle la culpa a alguien en concreto. Sí, hablo de esas personas que achacan todas sus desdichas al Sr. Zapatero: que si llueve, que si truena, que si estoy en el paro, que sino me dan la hipoteca..
¡Y su parte de culpa tendrá!. Pero no toda ni la única. Ý es que, en lo que todos estaremos de acuerdo-y muchos callarán- es que vivimos en un país con una tendencia picaresca que ya roza lo grotesco. Ya lo decía Thomas Hobbes: “El hombre es un lobo para el hombre” y es que somos nosotros mismos nuestros propios depredadores.
Los españolitos somos aquellos que predicamos sin dar ejemplo, y yo me pregunto cómo sería España si la gente dejara de defraudar. Porque sí, hay mucha gente en el paro, pero también la hay cobrando la prestación al mismo tiempo, con oportunos empresarios que, como siempre, aprovechan la ocasión. Hay pocas ayudas, pero las que hay solo las reciben quienes tienen un buen asesor y saben como declarar un beneficio de 600 euros al año con un patrimonio de 50 millones. Que se desgatan nuestras arcas y sin embargo somos incapaces de llevar a los tribunales a todos los sinvergüenzas del caso Gürtel. Y si todo esto fuese poco, perdemos por momentos los modales, y en vez de dirigentes diplomáticos tenemos buitres que en lo único que piensan es recuperar el poder que un día perdieron.
Que a España no lo sobra el Sr. Zapatero y sí un momento de autoreflexión por parte de todos.
¡Y su parte de culpa tendrá!. Pero no toda ni la única. Ý es que, en lo que todos estaremos de acuerdo-y muchos callarán- es que vivimos en un país con una tendencia picaresca que ya roza lo grotesco. Ya lo decía Thomas Hobbes: “El hombre es un lobo para el hombre” y es que somos nosotros mismos nuestros propios depredadores.
Los españolitos somos aquellos que predicamos sin dar ejemplo, y yo me pregunto cómo sería España si la gente dejara de defraudar. Porque sí, hay mucha gente en el paro, pero también la hay cobrando la prestación al mismo tiempo, con oportunos empresarios que, como siempre, aprovechan la ocasión. Hay pocas ayudas, pero las que hay solo las reciben quienes tienen un buen asesor y saben como declarar un beneficio de 600 euros al año con un patrimonio de 50 millones. Que se desgatan nuestras arcas y sin embargo somos incapaces de llevar a los tribunales a todos los sinvergüenzas del caso Gürtel. Y si todo esto fuese poco, perdemos por momentos los modales, y en vez de dirigentes diplomáticos tenemos buitres que en lo único que piensan es recuperar el poder que un día perdieron.
Que a España no lo sobra el Sr. Zapatero y sí un momento de autoreflexión por parte de todos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)